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El acuerdo de los principales países petroleros para bajar el pistón de la producción y recuperar así los precios ha abierto una puerta de esperanza para el maltrecho crudo mexicano. Irán, Irak y Arabia Saudí han declarado una tregua en su disputa regional, mientras Rusia también parece decidida a aparcar sus diferencias sobre la guerra de Siria. El mero anuncio del pacto ha propulsado los precios del crudo internacional. De rebote, México respira aliviado. Al fin una buena noticia en pleno el vendaval Trump.

La mezcla mexicana se coloca en los 45 dólares por barril, duplicando los mínimos de principios de año. La recuperación del crudo también ayuda a moderar el impacto cambiario. El peso se fortalece frente al dólar, aunque aún no baja de las 20 unidades por billete verde. El precio del barril alcanzado esta semana se acerca además a las previsiones del Gobierno como escenario base para empezar a pensar en una recuperación de Pemex, sumida en la peor crisis de su historia.

El desplome del crudo en los últimos dos años -la cotización del barril perdió los 120 dólares en junio de 2014 y se ha desplomado en picado desde entonces hasta tocar suelo en enero de este año con 27 dólares- ha empujado a países petroleros a enfundar las espadas políticas y aparcar las luchas comerciales. A finales de noviembre, los miembros de la OPEP suscribieron en primer pacto en 8 años para reducir la producción y elevar los precios. Al cartel del oro negro se le unieron este fin de semana otros 12 importantes productores, Rusia incluida. El compromiso conjunto supone retirar de la circulación casi 2 millones de barriles al año. La respuesta del mercado ha sido un alza del crudo de referencia -WTI- del 20% en apenas doce días.

La mejora de precios sobre todo aleja la posibilidad de una nueva ayuda financiera del Gobierno a Pemex

Los analistas prevén que la tendencia al alza continúe y el barril pueda consolidarse el año que viene por encima de los 60 dólares. Con un decalaje de unos 8 billetes, la mezcla mexicana superaría en todo caso la previsión marcada en el plan de saneamiento de Pemex: 42 dólares por barril. Ahogada en unas pérdidas de 36,000 millones solo el año pasado y con una inmensa bola de deuda sobre sus hombros de 160,000 millones, la petrolera estatal confía en volver al equilibrio en 2020. La receta pasa por un mantenimiento el precio del crudo, profundos cambios en la gestión para mejorar su eficiencia y fuertes despidos.

La recuperación de Pemex es crucial para México. Más todavía tras la victoria de Trump, que ha puesto en tensión las bases de la economía del país. La petrolera es el primer contribuyente del Estado y a la vez, el primer afectado de los sucesivos recortes del gasto público. A cambio, el Gobierno, propietario al completo de las acciones pese a la liberalización del sector energético, ha iniciado ya las primeras inyecciones para recapitalizar la empresa.

“La mejora de los precios del petróleo rebaja la presión sobre para las finanzas públicas, el mercado cambiario y reduce el déficit de la balanza comercial”, apunta Olaf Sandoval, analista económico de GBM. “Sobre todo aleja un poco la posibilidad de una nueva ayuda financiera del Gobierno a Pemex, lo seguramente provocaría a su vez que las calificadores rebajaran la nota soberana de México”, añade la directora de análisis económico del Banco Base Gabriella Siller.

Fitch, Moody”s, las grandes oráculos de los mercados financieros, tienen en el punto de mira a México. Y ya han avisado de que un nuevo traspié significará un borrón en sus calificaciones, lo que abriría una espiral de desconfianza y ensañamiento de los inversores contra las finanzas públicas mexicanas.

ELPERIODICODEMEXICO.

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