Compartir

MÉXICO – “No sé ,mi amor, no sé qué voy a hacer”, dice al teléfono Adrian Ponce, quien está sentado en un banquillo de cemento de la terminal 2 en la capital mexicana, a donde llegó deportado junto con 135 mexicanos indocumentados en un vuelo chárter especial del gobierno estadounidense justo unas horas antes de la toma de posesión de Donald Trump.

Las manos y la cabeza le sudan. Le tiembla la quijada, los ojos se le llenan de lágrimas y baja la voz. “No sé… no sé… te amo”, agrega antes de colgar . Agacha la mirada y con las manos talla sus ojos antes de volver al rostro ante los medios de comunicación.

Me voy a regresar a Estados Unidos, sea como sea- dice sin titubear.
En Nueva York tiene dos hijos, cuatro nietos y una esposa que llora la desgracia de su marido mientras arregla las manos de las estadounidenses en un salón de belleza; allá, donde Adrian Ponce tenía su puesto de verduras y frutas hasta hace unos días

La tarde del 9 de enero pasado fue detenido después de su jornada de trabajo. Iba a pie camino a casa cuando en una calle se topó con unos “hombres de color” que bebían alcohol. El mexicano dice que él iba pasando y así “sin más” la policía lo agarró junto con los bebedores en una acción que, a su parecer, no tiene otra explicación que la política antimexicana y antiinmigrante de Trump.

“Luego luego me dijeron que me deportarían por avión”, recuerda.

Los vuelos del Programa de Repatriación al Interior de México (PRIM) operan vía aérea desde 2012 con el presupuesto del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE). Se habían suspendido el pasado 10 noviembre por “falta de presupuesto” pero volvieron a reanudarse a un ritmo de tres por semana desde el 20 de diciembre, confirmó a este diario Paulina Blasquez, directora del programa en el Instituto Nacional de Migración .

LAOPNINION.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here